La percepción de las gentes sobre un producto o los servicios afecta mucho su valor comercial. McDonald’s no nos vende las hamburguesas ni los helados. En cambio, no vende la oportunidad de tener un buen tiempo con nuestra familia. Cada vez que visitamos McDonald’s, les pagamos para la oportunidad de profundizar nuestra relación con nuestros amigos y familias.
Ni «Dove» nos vende jabones. Hace cinco años, «Dove» se dedicó a la ayuda de las chicas que no tienen confianza a sus mismas. Entonces, cada vez que compramos un producto de Dove, ayudamos las chicas tener más confianza que son bellas también y hay muchas maneras en que una chica es bella.
En las Filipinas, (donde el equipo de futbol acaba de tener una atención pública) las gentes compran los productos que los miembros aprueban. No quiere decir que quieren todos los productos que aprueban. Claro que los otros no utilizan los otros productos. Pero saben bien que la compra de estos productos quiere decir un apoyo al equipo nacional.
¿Qué queremos decir? Es simplemente que no compramos un producto ni suscribimos a un servicio porque venden un producto o necesitamos los servicios. Les pagamos porque creemos en la imagen pública que nos muestran. Las gentes no piensan más el precio. Lo más importante es que creen que pagan para tener las experiencias que nos promesan.
Al revés, una imagen pública negativa puede dar malos mensajes a los consumidores. Para alguien que compra un teléfono chino, sabe bien que no va a utilizarlo más que unos meses. Entonces, no están listos de gastar muchas platas porque la calidad no está bien.
Lo mismo en los servicios. Muchas veces, a los que compran petróleos en las estaciones no les importa la calidad del petróleo sino la calidad de los trabajadores. ¿Sonrían mientras trabajando? ¿Son corteses? Si no, lo más posible es que no van a comprar allí otra vez.
Pues, al mismo tiempo que desarrollamos nuestros productos o servicios, hay que construir también una buena imagen pública.
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